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2 de mayo, a merced de mamelucos y lanceros

  Asistimos un año más a la conmemoración de un levantamiento que ha sido pintado con los tintes de David contra Goliat. El protagonismo casi absoluto es del pueblo, aunque los nombres de los héroes son de tres oficiales, los capitanes de Artillería Daoíz y Velarde y el teniente de Infantería Ruíz. Oficiales en sus primeros empleos, que no tienen unidades a sus órdenes. En palabras del Teniente General Cassinello1 a propósito de la situación militar en los albores de la Guerra de la Independencia, “Al Ejército regular le corresponde el papel más deslucido del conjunto. Mal armado, escasamente instruido y encuadrado, con mandos que se suceden apresuradamente en su dirección, apenas disciplinado, carente de vestuario, comida y pagas…”. Aunque a continuación el general habla de la permanencia de la voluntad de vencer, lo cierto es que nos describe un ejército del que los gobernantes de 1808 se preocupaban poco. Muy poco.

Pese a tratarse de un momento muy heroico, nadie en sus cabales quisiera pasar por una situación así. Desde el punto de los profesionales de la milicia se considera que para cumplir con su misión un ejército debe contar con armamento y material funcional y con personal bien instruido y con la moral alta. Es decir, con personal que note la preocupación de la sociedad a la que sirve y por la que llegado el caso tiene que entregar la vida. Y esto no se reduce solamente a buenas palabras y a esporádicas palmadas en la espalda. Este personal necesita ver que, tanto durante el servicio activo como en el momento en que pase a la situación de reserva, la sociedad muestra su respeto y su preocupación por ellos y por sus familias.

Una vez dicho esto, con lo que indefectiblemente todo el mundo está de acuerdo, pasemos a tocar con los pies en el suelo y comprobemos la voluntad y la preocupación existente en la actualidad con el personal militar.

Ha quedado de manifiesto, tras el dictamen de la Comisión de Defensa del Congreso sobre el informe anual de 2016 del Observatorio de la Vida Militar la grave situación de las retribuciones de nuestros militares2. La ministra de Defensa anunció en el pleno del Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas y en la Pascua Militar que se iba a proceder al estudio de las mismas. Y entendemos que a su dignificación.

Pero mientras llega el estudio y se adecúan a la realidad las retribuciones de nuestros militares, no estaría de más, como muestra de justicia, de preocupación y de buena voluntad con nuestros militares, comenzar por atender a un aspecto concreto que afecta al personal que pasa a la reserva tras numerosos años en activo, a menudo con largas estancias de misión en el extranjero. En un primer momento el pase a esta situación significa una pérdida en las retribuciones, pero es que cuando el militar cumple 63 años se enfrenta a una segunda disminución, al perder el 20% de las retribuciones complementarias. Es el único colectivo que lo sufre. La Guardia Civil vio solucionado el problema hace más de diez años, con el Real Decreto 950/2005, de 29 de julio, de retribuciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

El mencionado dictamen de la Comisión de Defensa, en su punto IV.36.d instaba al Gobierno a equiparar el complemento de disponibilidad de los miembros de las Fuerzas Armadas en la situación de reserva al percibido por los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

En 2015 el Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas acordó una reforma de las retribuciones militares para eliminar la segunda disminución al cumplir 63 años, proyecto que en su día estaba valorado en unos 20 millones de euros. En la actualidad ha disminuido el número de personal en esta situación, y podríamos estar hablando de unos 16 millones. Pues bien, en los presupuestos generales del Estado para 2018, que todavía están en discusión parlamentaria, el capítulo de retribuciones del personal en reserva disminuye en más de 40 millones respecto al año 2017, pero el problema sigue sin solucionarse. No es por falta de dinero.

Cuando se destinan miles de millones de euros a programas de armamento, alguno de los cuales necesitan nuevas inyecciones millonarias tras ser presupuestados (el submarino S-80 hasta 3.685 millones, es paradigmático3) el no encontrar unos míseros –para el presupuesto, claro- 16 millones para nuestros militares mayores de 63 años, ¿qué calificativo merece?

¿Falta de preocupación por un personal que tradicionalmente ha permanecido en silencio y en primer tiempo de saludo?

¿De verdad hay voluntad en que el personal militar vea que quien tiene que preocuparse por él efectivamente se preocupa, y en que no se repita la situación de aquel ya lejano dos de mayo?

Andrés CASINELLO PÉREZ (2006): “El Ejército Español en la Guerra de la Independencia: un análisis militar”, en Actas del I Encuentro Internacional sobre la Guerra de la Independencia (Oviedo, 19-21 abril 2006), en El Basilisco, nº 38 pp.65-76

Disponible en:  http://www.fgbueno.es/bas/pdf2/bas38g.pdf

2https://www.asfaspro.es/index.php/rss/item/2391-fuerzas-armadas-reformas-urgencia

3https://politica.elpais.com/politica/2018/02/10/actualidad/1518278999_683988.html

Fuente: ASFASPRO