Autor Tema: TRADICIONES PERDIDAS. La promoción interna.  (Leído 3667 veces)

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TRADICIONES PERDIDAS. La promoción interna.
« en: 26-09-2011, 17:24:41 »
http://www.portalcultura.mde.es/Galerias/revistas/ficheros/R_Ejercito_833.pdf

Juan Antonio Baena Muñoz.
Suboficial Mayor. Infantería.

REVISTA EJÉRCITO • N. 833 SEPTIEMBRE • 2010 • Página 102


TRADICIONES PERDIDAS

LA PROMOCIÓN INTERNA

Aunque la Ley de la Carrera Militar reitera la necesidad de potenciar la figura del suboficial y la promoción interna, la realidad es otra ya que esta ha quedado reducida a la mínima expresión y con unas condiciones de acceso muy exigentes, parece haberse convertido en una tradición perdida.


La promoción interna en su acepción moderna consiste en el acceso desde cuerpos o escalas de un determinado grupo de titulación a otro superior, valorando el mérito y la capacidad. Tradicionalmente la idoneidad ha sido el requisito fundamental para alcanzar la promoción.

Precisamente esta ha sido una característica del Ejército español desde su existencia, la posibilidad de cambiar de grupo en función de la valía personal. Así, en 1494, los capitanes de las Guardas de Castilla solicitaron a los Reyes Católicos la creación del empleo de sargento, por ser «necesario su servicio a las compañías y a su descanso». Los sargentos se eligieron entre los mejores soldados por su aptitud, habilidad, juicio, valor y experiencia.

En los tercios españoles durante los siglos XVI y XVII era frecuente la promoción de los soldados de valía, pasando por los empleos de cabo, sargento, alférez y capitán.

DE SOLDADO A GENERAL

Escribir sobre todos los soldados que han alcanzado el grado de general, haciendo carrera mediante promoción interna, se escapa a las posibilidades de estas líneas. No obstante, a continuación se citan algunos casos notables.

Don Pablo Morillo y Morillo: Conde de Cartagena y Marqués de la Puerta, apodado «el Pacificador». Nació en 1775 en Fuentesecas (Zamora). Con 13 años se alistó como soldado de Infantería de Marina. Participó en las batallas del Cabo de San Vicente y de Trafalgar, siendo promovido a sargento en 1797. Durante la Guerra de la Independencia sobresalió en la batalla de Bailén. Ascendido a teniente  ostentó el mando de una guerrilla en Galicia.

Acabó la carrera de las armas como Capitán General de Venezuela. Sus restos reposan en el Cementerio de San Isidro, en Madrid.

Don Joaquín Baldomero Fernández Álvarez Espartero: conocido como el general Espartero, es uno de los casos más notables entre los militares que se iniciaron como soldados y alcanzaron el generalato, aunque no pasó por el grado de sargento.

Hijo de un cartero   manchego, al estallar la Guerra de la Independencia en 1808 abandonó el seminario donde estudiaba para alistarse como soldado voluntario. Dos años después ingresó en la Academia Militar de la Isla de León (San Fernando, Cádiz). Con el grado de teniente realizó numerosas campañas en América, pero su fama se debe sobre todo a conducir a la victoria a las tropas isabelinas frente a las filas carlistas.

Fue aclamado como «el General del Pueblo », aunque su paso por la política no le deparó la misma fortuna. Su decepción le llevó a rechazar la Corona de España tras el destronamiento de Isabel II, declarando que «hace tiempo que se acabaron mis ambiciones políticas; si me queda alguna, me conforma con ser alcalde de Logroño», ciudad en la que acabó sus días en 1879 y donde descansan sus restos mortales.

Don Camilo García de Polavieja y del Castillo: el general Polavieja, nació en 1838 e ingresó 20 años después como soldado  voluntario. Un año más tarde era sargento, ascenso que consiguió en campaña como todos los posteriores hasta el grado de brigadier.

Ascendió a teniente general en Cuba en 1880, donde fue Capitán General.

En 1899 fue nombrado Ministro de la Guerra, pero dimitió pocos meses después debido a su disconformidad con los recortes presupuestarios al Ejército. Retirado de la política, falleció en Madrid en 1914.

Don Saturnino Martín Cerezo: el héroe que encabezó la resistencia de «los últimos de Filipinas » nació en 1866 en Miajadas (Cáceres). Hijo de campesino, trabajó en el campo hasta los 17 años, edad con la que ingresó en el Ejército como soldado voluntario. Ya como suboficial combatió en Melilla a las kabilas rifeñas. En 1897, en premio a su ofrecimiento para combatir en Filipinas, ascendió a teniente. Un año después, el 30 de junio, durante una patrulla rutinaria junto a sus hombres, en un clima de aparente tranquilidad, cayó en una emboscada de los insurgentes filipinos. Los españoles se refugiaron en la iglesia del pueblo e iniciaron la resistencia, el llamado «Sitio de Baler», que se prolongó durante casi un año.

De vuelta a la Península su vida, como la de la mayoría de los que le acompañaron, cayó en la penumbra. No obstante obtuvo el grado de general en la reserva.

Con él se cierra la secular historia de la España ultramarina. Si hijos de Extremadura escribieron páginas gloriosas del Imperio español, otro extremeño logró que la pérdida del mismo se hiciese sin mancha en el honor del Ejército.

Don José Enrique Varela Iglesias: Marqués de Varela de San Fernando, nació en San Fernando (Cádiz) en 1891. Su padre era sargento de banda del Primer Regimiento de Infantería de Marina. Ingresó a los 18 años como corneta en el regimiento de su padre. Poco después pasó a ser soldado de Infantería de Marina. En 1912 ascendió por elección a sargento, lo que le permitió acogerse a los beneficios establecidos para ingresar en la Academia de Infantería. En 1915 obtuvo el despacho de alférez de manos del rey Alfonso XIII.

Por sus acciones heroicas en África fue condecorado dos veces con la Cruz Laureada de San Fernando y también obtuvo la Medalla Militar Individual. Durante la Guerra Civil participó en importantes acontecimientos, como la liberación del Alcázar de Toledo o la batalla del Ebro. Finalizó la guerra como general de división. Fue Ministro del Ejército durante varios años, hasta que presentó la dimisión, en desacuerdo con el gobierno al que reclamó, junto a otros generales, la reinstauración de la monarquía. En 1945 fue nombrado Alto Comisario de España en Marruecos, cargo que ocupó hasta su muerte en 1951. A título póstumo se le concedió el ascenso a capitán general.

Finalmente, Don Antonio Alemán Ramírez nació en Valsequillo (Gran Canaria) en 1913. Ingresó con 22 años como soldado del 11 Regimiento de Las Palmas. Siendo cabo de ametralladoras, tras el estallido de la Guerra Civil, fue trasladado a la Península, donde combatió en el frente de Madrid. Su heroica acción en defensa del Olivar del Jarama le valió la Cruz Laureada y la Medalla Militar Individual. A pesar de estar cegado por la sangre de las heridas continuó disparando y jaleando a sus compañeros de trinchera, hasta conseguir repeler un ataque de carros de combate rusos. Recuperado de sus heridas, se reincorporó a su unidad con el grado de sargento. Finalizó la guerra como alférez provisional.

En 1940 ingresó en la Academia de Infantería de Zaragoza y fue promovido a teniente al finalizar los estudios. Ya como capitán fue destinado al Grupo de Tiradores de Ifni, en Agüimes (Las Palmas). Entre sus  destinos posteriores se encuentra el Regimiento Inmemorial del Rey.

Llegó a ostentar el empleo de teniente general en situación de reserva. Falleció en Madrid en 1995.

ÉPOCA RECIENTE

Después de la Guerra Civil se creó la Academia Militar de Suboficiales en Villaverde (Madrid). No era un centro docente para formar suboficiales como su nombre parece indicar, sino una especie de academia preparatoria para los que querían ser oficiales. En 1956 cambió su nombre por el de Academia Auxiliar.

Durante la posguerra, en una España rural y empobrecida, el acceso a la cultura estaba reservado a un sector social minoritario. La Academia daba esta oportunidad a las clases más desfavorecidas, de las que procedían generalmente los suboficiales. La exposición de motivos que se hace en la Ley de Creación de la Academia Militar de Suboficiales es un auténtico manifiesto de justicia social, que reconoce la valía de la experiencia y el mérito de aquellos que estaban dispuestos a superarse.

Los suboficiales, con el límite de treinta años de edad, se formaban durante dos años en Villaverde. A continuación se incorporaban a las Academias de las Armas, donde se unían en igualdad de condiciones a los cadetes procedentes de Zaragoza para cursar sin distinción el resto de la carrera de oficial. Sus compañeros procedentes de acceso directo los conocían cariñosamente como los «pillos». La  proporción de estos en las promociones de la AGM era alta ya que se les reservaba entre un 25 y un 50% del total de plazas.

En 1955 se creó la Escala Auxiliar, en la cual se integraban los suboficiales en los últimos años de su vida militar con el grado de teniente, pudiendo llegar hasta el empleo de comandante. No se trataba de una verdadera promoción interna, sino del reconocimiento de la  institución a sus veteranos ya que, con mentalidad del siglo XX, la dignificación del suboficial consistía en hacerlo oficial. Bajo este punto de vista, la Escala Auxiliar fue un paso adelante para los suboficiales, aunque a la larga haya sido un obstáculo para crear una verdadera conciencia de suboficial como un fin en sí, no como un medio para ser oficial. La Ley de la Carrera Militar reconoce por primera vez la carrera del suboficial. Ahora solo falta darle contenido.

En las últimas décadas, a raíz de la creación de las Escalas Básicas de Suboficiales en 1974, se favoreció la promoción interna de los suboficiales, orientando su trayectoria hacia una nueva escala de oficiales denominada Especial y, posteriormente, Escala Media y Escala de Oficiales. Su plan de estudios, más corto que el que debían seguir en la Academia General Militar, resultó atrayente para que muchos sargentos optasen por el cambio de escala. Esta ha proporcionado oficiales de menos de treinta años, con experiencia, alta preparación y adecuadas perspectivas profesionales.

En cuanto a la promoción interna para la tropa, desde de la profesionalización del Ejército en el año 2002, se cerró el acceso directo a la Academia General Básica de Suboficiales para dar salida a los militares profesionales de tropa que decidiesen optar al ingreso en la Escala de Suboficiales. La totalidad de los alumnos accedían por promoción interna.

Que en el término medio está la virtud, lo demuestran las consecuencias negativas de tal medida. Se pasó de un ratio de diez aspirantes por plaza a poco más de uno en las últimas promociones. En general se accede a la AGBS sin el bagaje suficiente de formación para poder seguir con solvencia los estudios de la enseñanza de formación y la escala ha envejecido a causa de la elevada edad de ingreso. Se ha pasado de 19 años de promedio en la década de los 80, a 27 años en las últimas promociones.

Ante este panorama en los dos últimos años se volvió a admitir el acceso directo en un 20%, porcentaje que contempla la Ley de la Carrera Militar, paliando en parte los problemas1.

SITUACIÓN ACTUAL

De forma incomprensible en la convocatoria del año en curso se ha vuelto a suprimir el acceso directo a la AGBS y se ha pospuesto el comienzo del nuevo sistema de enseñanza de formación de suboficiales2, anunciado para el curso 2010. Es más, parece que se va a retrasar varios años, sin que haya aún fecha decidida para su inicio.

El resultado inmediato es que los sargentos egresan con diez años más de edad que sus colegas de los principales ejércitos aliados. Aunque la Ley de la Carrera Militar reitera la necesidad de potenciar la figura del suboficial y la promoción interna, la realidad es otra ya que esta ha quedado reducida a la mínima expresión y con unas condiciones de acceso muy exigentes. Sirva de ejemplo que si la propia Ministra de Defensa, licenciada en Derecho, fuese sargento y quisiese optar a la promoción interna, con esa titulación no podría hacerlo, ni siquiera al Cuerpo Jurídico Militar (aunque sí podría, si fuese militar de complemento).

Los argumentos que se aducen se relacionan con las exigencias del nuevo sistema educativo, acogido al proceso de Bolonia, es decir, al
espacio europeo de educación superior. Sin embargo es la propia Ley de la Carrera Militar la que crea la necesidad. Acogerse a dicho espacio no es obligatorio para los ejércitos. De hecho los principales países europeos, con ejércitos más potentes que el nuestro, no lo hacen.

La titulación escogida para los estudios de los aspirantes a oficial, que iniciarán su formación en el año en curso y que impartirá la Universidad de Defensa, tampoco es impuesta por organismos internacionales. La dificultad de obtener el grado universitario en Ingeniería de Organización Industrial y completar la formación militar en el tiempo estipulado pueden tener como consecuencia que el modelo de oficial hasta ahora conocido, como ya ha sucedido con la promoción interna, sea otra tradición perdida.

Cabe cuestionarse si el fin último de la enseñanza militar que propugna la ley en vigor es la eficacia de las Fuerzas Armadas. La conclusión de lo antedicho no puede ser otra que una gran paradoja: Por un lado, nuestra sociedad actual se autoproclama la más desarrollada, con las mayores conquistas sociales, las más altas cotas de libertad e igualdad de oportunidades.

Por otro, es precisamente en esta sociedad donde el soldado español tiene más constreñida la posibilidad de promoción en función de
su mérito y capacidad, en favor de una potencial elite intelectual.

NOTAS

1 El 20% asignado al acceso directo no es suficiente para elevar el nivel cultural ni para reducir la edad de forma significativa. La LCM sigue admitiendo una prueba de acceso (Art. 41.2 de la LOE) como titulación válida para el acceso a la AGBS. El nivel cultural de los que ingresan con esta titulación es muy inferior al de los procedentes del acceso directo, que lo hacen con bachiller.

2 Del mismo modo que el nuevo sistema de formación de oficiales incluye la obtención de una titulación civil, la formación de suboficiales también la incluye, en este caso el título de Técnico Superior del catálogo general del Ministerio de Educación y Ciencia. Para poder  obtener dicho título y completar la formación militar, el plan de estudios se desarrollará durante tres años.

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES

– Jiménez de Urra, Jerónimo. Diálogo de la Verdadera Honra Militar. Ministerio de Defensa. 1992.
– Parker, Geoffrey. El Ejército de Flandes y el Camino Español. Alianza. 1986.
– Quatrefages, René. La revolución militar moderna: el crisol español. 1996.
– Fernández Maldonado, Emilio. El sargento español de Ultramar. Ministerio de Defensa. 2000.
– Fernández Maldonado, Emilio. Sargentería. Ministerio de Defensa. 2000.
– II Seminario de Suboficiales Mayores del Ejército de Tierra. Mayo 2010.


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Re: TRADICIONES PERDIDAS. La promoción interna.
« Respuesta #1 en: 26-09-2011, 17:31:52 »
AUNQUE YA LO HABÍA LEÍDO, ME PARECE MUY BIEN QUE LO HAYAS COLGADO AQUÍ.....CASI PARECE UN PEQUEÑO HOMENAJE AL SUB. MAYOR BAENA.......Y SE LO MERECE (EL ENEMIGO DE MI ENEMIGO ES MI AMIGO)
!!!QUÉ BIEN SE VEN LOS TOROS DESDE DETRÁS DE LA BARRERA¡¡¡¡¡
NUNCA TANTOS PUDIERON HACER TANTO..... NI ESTUVIERON TAN CIEGOS COMO PARA NO VERLO....

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Re: TRADICIONES PERDIDAS. La promoción interna.
« Respuesta #2 en: 26-09-2011, 20:52:34 »
En el apartado bibliografía creo que se le olvidó mencionar algunos informes de ASFAS, o quizá no.

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Cese del Suboficial Mayor de Ejército.
« Respuesta #3 en: 26-09-2011, 21:55:46 »
Por resolución publicada en el BOD del día 26SEP11 y en virtud de las atribuciones conferidas en el artículo 104, apartado 1, de la Ley 39/2007, de 19 de noviembre, de la carrera militar, el Suboficial Mayor de Infantería Ligera, DON J. A. B. M. (190/24.....), del GABJEME (Madrid), cesa en su actual destino con efectividad de 7 de octubre de 2011.


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Re: TRADICIONES PERDIDAS. La promoción interna.
« Respuesta #4 en: 27-09-2011, 02:30:36 »
No demasiado bien explicado el problema de la promoción interna, pero le agradezco el esfuerzo. Al menos expone, por escrito y mojándose,  lo que todos sabemos, que esto es un sin sentido de proporciones homéricas.
Los que luchan una vez, son buenos. Los que luchan varias veces, son mejores. Los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.