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CARTA A UN COMPAÑERO

Aunque pertenezco al Ejército del Aire, esta carta va dirigida también a los suboficiales del Ejército de Tierra y de la Armada, a vosotros Sargentos, que empezáis con ilusión vuestro nuevo empleo y Escala, a los Sargentos 1º, y BG, que podéis ser adelantados en el escalafón, o incluso postergados sin garantías objetivas que os permitan la seguridad de ascender al empleo siguiente, a ti Subteniente que debes, como compañero más antiguo, aportar lo que puedas para que no hagan con los tuyos lo que han hecho contigo y a ti Suboficial Mayor, que ya no tienes nada que perder pero sí que contribuir para que nuestra escala recupere su prestigio.
Mucho han cambiado las cosas desde que una noche destemplada de septiembre de 1980, ese niño con apenas 16 años, dejara atrás a su familia y subiera a un tren, que le llevaría, tras varios trasbordos y 18 horas de camino, a atravesar la barrera de la Escuela de Especialistas del Ejército del Aire de León, con la única compañía de un petate mezclado de incertidumbre, miedo, ilusión y VOCACIÓN; en aquel tiempo sólo se entraba en el Ejército por vocación, prueba de ello es que no se cobraba sueldo hasta no llevar dos años en la institución, eso sí, en mi caso, se recibían simbólicamente, 600 pesetas al mes el primer año y 601 ptas., el segundo, lo que hacía que nos llamaran “soldados de pela”; efectivamente, mucho ha llovido desde entonces, hoy no creo que muchos que quisieran ser militares, renunciasen a dos años de sueldo de su vida para conseguirlo.
Incertidumbre ante un cambio trascendental en mi vida, a la vez que ilusionante, tras haber aprobado una dura oposición de ingreso, que me llevaría más tarde y no sin esfuerzo, a superar los planes de estudios correspondientes y recibir en Julio de 1985, mi preciado despacho de Sargento Especialista Armero Artificiero, comenzando así una carrera militar, con unas expectativas claramente marcadas, amparadas y protegidas por Ley, que me posibilitaban acabar la misma en el empleo de Comandante.
Varias eran las normas a cuyo ámbito de aplicación se sometían las distintas escalas en que se agrupaba el colectivo de Suboficiales del E.A., cuyo perfil de carrera era distinto en cada caso.
Básicamente, dependiendo si pertenecían al grupo de Especialistas (Ley 142/1962, Ley 18/1975 de reorganización del Arma de Aviación) al de Tropas y Servicios (Orden de 09.04.1960, O.M. 1334/1966, Ley 18/1975) o al Cuerpo de Oficinas Militares (Ley 146/1963, de 2 de diciembre, de reorganización del Cuerpo de Oficinas Militares)
Tremendamente ilusionado comencé mi andadura hasta que, sin comerlo ni beberlo, irrumpió el primer mazazo en forma de Ley, la nefasta LEY 17/1989, reguladora del Régimen del Personal Militar. El legislador, trazó una raya en el suelo, respetando a una parte del colectivo, y privando a la otra parte de los derechos que había consolidado por la legislación anterior, tales por una parte, como el ascenso en activo a los empleos de Teniente, Capitán y Comandante, y por otra, derivada de las consecuencias negativas de la integración forzosa en el caso de los suboficiales –a los oficiales sí que se les dio a elegir entre integración o quedarse a extinguir- de sus miembros en los distintos Cuerpos, mezclando churras con merinas y añadiendo unas cuantas razas más.
Todo ello, sin respeto a lo establecido en el artículo 2.3 del Código Civil “las leyes no tendrán efecto retroactivo, si no dispusieren lo contrario” y en el 9.3 de la Constitución Española, en cuanto a la irretroactividad de las leyes restrictivas de derechos individuales, pero, más grave si cabe, respetando ese derecho, eso sí, para algunos de los que habían ingresado en las Fuerzas Armadas con él y en las mismas condiciones y cercenando al resto esa posibilidad, por lo tanto, dando otra patada a la mismísima constitución española cuando de derecho a igualdad de trato se refiere- ni que decir tiene para el lector- que ninguno de los Generales o Jefes que teníamos en ese momento como garantes de los derechos de sus Suboficiales, movió un dedo ante esa artimaña legal, pero a todas luces injusta.
Sin saber aún porqué, fuimos abofeteados con tan duro golpe y abandonados a nuestra suerte, también por los que en esos momentos pertenecían a la parte alta de la Escala -salvados, ellos sí, de la quema- nos encontramos desamparados y perplejos de que, a pesar de ser el mando el encargado de defender nuestros derechos, no hizo nada por impedir este primer despropósito.
La siguiente bofetada fue en la otra mejilla, con posterioridad, se aprobó la ley 17/1999. Esta ley, sin embargo, en lugar de solucionar el problema de raíz, vino a suponer un agravamiento del mismo para la mayoría de los Suboficiales del E.A., acentuando aun más la discriminación sufrida con anterioridad respecto a compañeros del propio Ejército.
Pero con la entrada en vigor de la actual ley 39/2007, se ha dado la “puntilla”, en especial la aplicación de lo dispuesto en su disposición transitoria séptima, número dos (en adelante DT 7ª.2) – ascenso de suboficiales al empleo de Teniente – Con el ascenso al empleo de Teniente de personal que estaba en la reserva (DT.7ª.2), procedentes de reserva transitoria y de pérdida por condiciones psicofísicas, más modernos y más jóvenes que el personal que se encuentra en actividad, además de la quiebra de los principios que rigen la Institución, se va a dar un caso único: los que menos tiempo han permanecido en el servicio, tendrán mayor pensión de jubilación que aquellos otros que han estado el máximo tiempo.
Y en la disposición adicional décima DA 10ª – reordenación de los escalafones del E.T.- se ha hecho más profunda la discriminación y por ende, la injusticia con respecto al colectivo de Suboficiales del E.A. sin incluirlos en esa Disposición simplemente por el color del uniforme, con la aplicación de la DA. 10ª, dos personas que ingresaron el mismo día, con los mismos requisitos de mérito y capacidad, en distintos ejércitos (ambos del Ministerio de Defensa) en uno se ha alcanzado el empleo de Comandante, en el E.T, mientras que en el otro (E.A.), se ha alcanzado el de Subteniente.
Otra perla de ésta Ley es que ha conseguido que, la pérdida de puestos en el Escalafón, considerada como una sanción por falta grave tipificada en el Código Penal Militar, haya sido aplicada a miles de suboficiales no habiendo cometido falta y con una hoja de servicios intachable, incluso que algunos de ellos estén siendo postergados en los empleos de Sargento 1º o Brigada. Con el nuevo sistema de ascensos, cuenta más para el ascenso invitar a tu evaluador a café que realizar cursos de un año de duración.
¿Cómo hemos consentido esto?, por un lado después de cada varapalo, siempre hemos confiado en la lealtad del mando, eso me enseñaron y eso fue a lo que me acogí; algún día escucharía su voz protectora, pero nada más lejos de la realidad, según palabras de D. Pedro Amador Romero, Presidente de ASFAS (Asociación de Suboficiales de las Fuerzas Armadas) palabras que suscribo hasta la última coma, “si nuestros jefes hubiesen velado por los intereses de sus subordinados no hubiese hecho falta crear asociaciones en nuestra Institución”, pero, por suerte o por desgracia, ya son un bien necesario, no podemos gastarnos el sueldo que hemos de dedicar a comprar el pan de nuestros hijos, a dárselo a un letrado y procurador para que nos defienda; con una pequeña cuota, podemos ser defendidos íntegramente ante un atropello que se nos presente en el trabajo; reclamar la parte proporcional de la paga extra, o recurrir una evaluación, por poner algún ejemplo, ya tiene una defensa jurídica incluida de abogado y procurador, pero es más, nadie estamos exentos de contraer una gripe, o baja por un esguince -simplemente bajando mal un escalón- cubiertos estos supuestos también por esa mínima cuota.
La Ley Orgánica 9/2011, de 27 de julio, de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas, nos ofrece la posibilidad de que juntos podamos defender nuestros legítimos intereses dentro de la más estricta legalidad vigente, si esto hubiese existido cuando salí de sargento, quizás se habría conseguido que se legislara sin aplicar retroactividad, respetando los Principios de Buena Fe y Confianza Legítima y por supuesto, preservando la Seguridad Jurídica.
Ha llovido mucho hasta llegar hasta este punto, y ahora estos cambios normativos propician que el estar asociado suponga un plus de protección, además de que egoístamente es beneficioso el pertenecer a un grupo que defiende lo tuyo y lo de tu familia, no debemos ser de aquellos que se dediquen a rajar en el bar de nuestros males, hay caminos para hacer entender al legislador, dónde y cómo se pueden solucionar problemas reales que afectan a nuestra escala.
Asociarse es totalmente lícito, La Asociación de Suboficiales de las Fuerzas Armadas (ASFAS), en la que tienen cabida todos los que son o han sido suboficiales, se constituye al amparo del Artículo 22 de la Constitución Española y la Ley Orgánica 1/2002, reguladora del derecho fundamental que se ejercita para su constitución. Y en La Asociación Profesional de Suboficiales de las Fuerzas Armadas (ASFASPRO) que se constituye al amparo del artículo 22 de la Constitución Española y la Ley Orgánica 9/2011, de 27 de julio, de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas y que tiene voz y voto en el Consejo Asesor de Personal.
Ya no hay excusas, los Suboficiales nos merecemos una oportunidad, no lo pienses más y da el paso, únete en la defensa de tus intereses y los de tu familia, la unión hace la fuerza, no seas de los que esperan sentados a que otro te solucione los problemas, ten en cuenta, que el porcentaje de personal asociado es el que respalda y da legitimidad a lo que se defiende en nuestro beneficio.

¡Quien calla, otorga!
Un saludo.

Un Brigada de tantos.