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Directos al hoyo

Directos al hoyo

 

Definitivamente, el personal militar debería explorar otras opciones para su futuro laboral, especialmente si se preocupa por su familia. Si al finalizar el franquismo un militar cobraba un tercio menos de sueldo que cualquier empleado civil en un puesto de nivel equivalente, no se puede decir que la democracia le haya tratado mejor, y dentro de este colectivo los suboficiales nos llevamos la peor parte.

No vamos a repetir lo que ya ha sido dicho por activa y por pasiva, por militares y no militares: la situación de nuestras retribuciones es grave. Desde que así fuera reconocido por la Comisión de Defensa del Congreso ha habido gobiernos de dos partidos diferentes y siguen sin mover ficha. Lo preocupante es que ni aparece en el programa electoral del partido en el gobierno, que sin embargo indica muy claramente que va a volver a subir las retribuciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, quienes ya han recibido dos subidas y les queda una tercera con la que todo el mundo está de acuerdo. Nos alegramos por ellos, pero es que antes de iniciarse el proceso ya llevaban una gran ventaja en retribuciones a las Fuerzas Armadas y la diferencia actual es abismal. Para los militares ni agua.

Se nos queda la cara blanca. ¿Qué les dirán a nuestras viudas o viudos en el próximo funeral? ¿Que dar la vida por la Patria no tiene precio? ¿Que es impagable?

Tampoco queremos marear con el absoluto desprecio que se tiene hacia la formación del suboficial. Nuestros estudios equivalen a nada cuando se trata de promocionar, pero en cambio nos permiten ocupar sin pegas cualquier puesto de responsabilidad de oficial y desempeñarlo con soltura. No son casos puntuales, son miles los suboficiales que ocupan puestos de trabajo de mayor nivel, porque no hay bastantes oficiales en los primeros empleos -y menos que va a haber- aunque nos sobren generales y coroneles. Naturalmente, los suboficiales pedimos percibir los complementos asignados al puesto. ASFASPRO fue pionera en obtener sentencias favorables, en presentar propuestas para que la asignación del complemento del puesto de trabajo fuera automática, y justo ahora el Subsecretario de Defensa firma una resolución en ese sentido, para que quienes ocupen puestos de forma interina perciban los complementos asignados al puesto. Con todo, recorta lo que las sentencias ya están diciendo, para los casos en los que el puesto se ocupa de forma accidental y cuando no se ha producido un nombramiento formal pero sí se ha realizado el trabajo. Como siempre, barriendo en contra del personal.

La sensación del lector hasta aquí es que el profesional militar, especialmente el de la categoría de suboficial, no está nada contento con sus perspectivas profesionales. La consecuencia es que se está asociando para defender sus derechos profesionales. Sin subvenciones y sin ayuda alguna de la Administración, que sólo sabe poner trabas y crear problemas. En ASFASPRO somos más de cinco mil socios, que se dice pronto. Este crecimiento asociativo no ha gustado nada, absolutamente nada, en determinados ámbitos, que pretenden neutralizarlo sacándose de la manga un procedimiento de verificación de número de socios que exige la entrega de sus números de DNI, sistema al que las asociaciones profesionales serias nos oponemos con total firmeza, NO vamos a darle al ministerio los datos personales de nuestros socios, no podemos, nos lo impide la Ley Orgánica de Protección de Datos y en ningún caso vamos a incumplirla. Resulta curiosa la postura ante otra posible verificación. La ley prohíbe al militar afiliarse a un partido político o a un sindicato; siguiendo el proceder inquisidor del Ministerio de Defensa, éste debería solicitar también a partidos políticos y sindicatos los listados de sus afiliados, para comprobar que entre ellos no figuran militares, pero parece que en este control no hay tanto interés, en cambio meterse con las asociaciones profesionales de miembros de las Fuerzas Armadas partiendo de una posición de fuerza es otra cosa.

Si faltaba algo para manifestar el afán de control total sobre un colectivo tan desprotegido en derechos laborales como el personal militar, la última ocurrencia viene del mundo de la judicatura. Concretamente unas frases poco afortunadas del presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial1. Ahora parece que el colapso en las salas de lo contencioso administrativo es culpa nuestra, y a alguien se le ha ocurrido la solución perfecta, que más parece un intento de resucitar el fuero militar: pues quitamos a los militares de la sala del contencioso y se lo pasamos a la sala de lo militar, que tiene pocos pleitos. Se sugiere además que es conveniente dada la trascendencia que la Ley de la Carrera Militar tiene para los profesionales, ¿es que las Salas de lo Administrativo no han respondido correctamente en las interpretaciones de la Ley? ¿Y si es así a quien han perjudicado?

Esto va diametralmente en contra de la dirección tomada con la democracia de incluir al militar en la sociedad, para evitar que el militar constituya una casta aparte, con sus fueros y sus tribunales propios. Se trata de involución, y no va acorde con los tiempos ni con la democracia, es más bien propio de los regímenes dictatoriales. No se puede privar a los militares de acudir a los tribunales ordinarios que entienden del derecho contencioso administrativo y se les quiera encerrar en los tribunales militares. ¿Qué tiene que ver reclamar un trienio con la disciplina? Para el imaginario del personal esta propuesta posibilita que los problemas profesionales de los militares de base sean dirimidos por unos tribunales que -nunca mejor dicho- sean a la vez juez y parte. ¿Cómo vamos a tener confianza para cuestiones de personal en un tribunal que está formado por el mismo Cuerpo que los asesores del mando que han argumentado en contra y cuyas resoluciones se recurre acudiendo precisamente al contencioso?

Si preguntamos en las facultades de historia de cualquier universidad sobre la autoría de proyectos como el control de las listas de miembros de asociaciones o el uso de tribunales militares para asuntos que no son propios de la disciplina, es probable que la respuesta sea alguno de la cuerda de Beria, Stalin, Himmler, Goebbels… pero no un Churchill, un Roosevelt ni un Adenauer.

En ASFASPRO estamos seriamente preocupados por el futuro de la defensa nacional, porque con todos esos nubarrones sobre nuestro personal profesional lo que hay es desencanto, desmotivación; se ha conseguido crear una manifiesta falta de atractivo sobre la profesión militar. Ya la tropa no quiere ser suboficial, prácticamente no se puede elegir a los alumnos que entran en las academias (de suboficiales). ¿Quién va a querer ser militar en estas condiciones?

No te pagan, haces más horas que un reloj sin casi compensación –muchas de ellas en campos de maniobras, durmiendo en el suelo de una tienda de campaña o bajo un abrigo ligero, de cualquier manera-, el propio Ministerio de Defensa no reconoce la formación militar que él mismo imparte, no tienes promoción interna, y encima cuando quieras presentar un recurso para defender tus legítimos intereses el juez lo va a poner la parte contraria. Seamos serios, ¿quién enviaría a sus hijos e hijas a dar la vida en cumplimiento de su misión en esas condiciones? ¿Alguien que se preocupa por ellos?

Ante un desafío a la soberanía nacional, al ordenamiento constitucional y a la integridad territorial de España, ¿a quién le interesa tener un ejército así?

El último, ¡que apague la luz!

1 http://www.poderjudicial.es/cgpj/es/Poder-Judicial/En-Portada/-El-presidente-del-TS-y-del-CGPJ-aboga-por-acometer-las-reformas-pendientes-en-la-jurisdiccion-militar