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Mundos distintos

Tengo la extraña sensación de estar en un mundo militar distinto, diferente al de muchos compañeros de Escala. Quizás se deba a la diferente procedencia de las primeras promociones, todos en libre competencia con el resto de ciudadanos que decidimos concurrir libremente a una oposición a la Escala de Suboficiales y los que ingresaron con posterioridad a 1989 con todas las plazas reservadas a la promoción interna, es decir, había que ser previamente soldado. Demasiado endogámicos para mi gusto. ¿Acaso se reservan el total de plazas para oficial? ¿Por qué? ¿Qué porcentaje se reserva? Pues… con la misma vara.
Es por tanto plausible y a nadie se le escapa, la diferencia entre ambos mundos. Nosotros, casi todos, nunca antes habíamos sido militares; ahora, todos sin excepción, han sido intentados “domar” previamente (no gustará, pero así es). Nosotros eramos jóvenes, muy jóvenes; la media de edad no llegaba a los 22 años, por el contrario, ahora no bajan de los 27, se aproximan casi a los treinta.

Recientemente he presenciado enconadas discusiones entre esos dos tipos de distinta procedencia de compañeros. Los unos entienden que aquellos que se esfuercen, que quieran preocuparse por mejorar, puedan correr, avanzar más deprisa en el escalafón. En cambio los otros, que su objetivo, su meta era ser Sargento, no quieren en modo alguno más forma de ascenso que la de antigüedad. Aceptar el mérito o la objetiva presentación curricular, sería señalarles y de alguna manera, y en su fuero interno al mirarse al espejo por las mañanas, reconocer sus propias limitaciones o su propio fracaso. Y eso, queridos compañeros, no gusta. No nos gusta que nos recuerden que también estuvo a nuestro alcance y ni siquiera lo intentamos.

Es uno de los males de nuestra sociedad o quizás de nuestro “ser español”; la “envidia nacional”, que tanto practicamos, cala e inunda también la vida cuartelera. Desde los cuarteles también se ve como personas sin ningún currículo, sin ninguna formación o exigencia, medran y ocupan, INCLUSO, las altas esferas de nuestro país. “Miembros y miembras” sirven como espejo y reclamo y algunos militares quieren también para ellos exactamente lo mismo, ascender, subir, medrar sin trabajar y sin esfuerzo.

Objetaba uno, en esa discusión, que como mecánico de aviones de nada le serviría que un compañero se hubiese sacado una licenciatura en derecho, historia o psicología o incluso apurando, apurando, hasta de ingeniería. Ese currículo podría hacer que él quedase postergado en el ascenso y seguir haciendo exactamente las mismas funciones que quien le hubiese pasado en el escalafón, aportando una licenciatura en historia o derecho. Titulaciones que, al fin y a la postre, en nada beneficiarían al avión ni desde luego al mecánico (si acaso para librarse de la cárcel si profesionalmente no hubiese echado el “freno de mano al avión” y chocase con otro).

El mundo en que nací era un mundo donde la palabra dada, palabra de honor se llama entre militares, la lealtad, el valor, el mérito y la capacidad, era lo que nos hacía intentar mejorar y si lo conseguías, ser incluso mejor persona.

Un simple apretón de manos tenía más valor que los contratos firmados en presencia de banqueros o notarios. Así lo vi y aprendí de mis abuelos y también de mis padres. Recuerdo que siendo niño, diez o doce años tendría, presencié una transacción comercial de mi abuelo. Un simple apretón de manos y “trato hecho”; pocos minutos después, otra persona le ofrecía a mi abuelo un cantidad sensiblemente mayor. Insistió durante unos minutos, pero ambos sabían que no se podía volver atrás, no se podía deshacer el trato. Se habían chocado las manos y eso no habría nadie en la tierra que lo deshiciese. Y eso que vi, me quedó grabado de forma permanente para el resto de mis días.

Todo el mundo se alegraba del ascenso del compañero, aquel que con esfuerzo había conseguido mejorar. Pero ese mundo ya lejano… no está a nuestro alcance. Políticos y altos mandos militares se han encargado de hacerlo desaparecer.

¡Exactamente igual que ahora! Nuestros politicos prometen lo que luego nadie les demanda. Presentan proposiones de Ley que después olvidan en el cajón. Juegan con las ilusiones, con la vida, con las esperanzas de miles de personas sin ningún pudor, sin nigún remmordimienmto, sin ninguna responsabilidad. Y así nos va.

Ya se sabe que el dinero público no es de nadie. Por eso se reparte como se reparte y con ello se pagan lealtades y se influye en la vida de los pobres y humillados suboficiales. Son amenazados, alguno así lo refiere, si acaso tuviesen la tentación de pertenecer a alguna asociación con los IPEC, el CDE o vaya a Vd a saber con qué otra ocurrencia. El que se mueve, no es que no salga en la foto, que también, sino que no cobra el CDE y así… poco a poco, “tacita a tacita”… mi mundo ha ido desapareciendo.

No, no reconozco este mundo militar actual y haré bien, lo más pronto posible, en dejar mi hueco en formación. En cuanto las leyes y mi edad me lo permitan.