Últimas noticias
Inicio » Destacados » ¿Qué es la realidad?

¿Qué es la realidad?

¿Qué es la realidad? “El Universo visible”… podría ser la respuesta de un físico, pero la realidad es exactamente lo que vemos y oímos y no con lo que fantaseamos, soñamos o con lo que podríamos  alucinar. La realidad muchas veces es producto de la imaginación ¿alguna vez te has despertado sin aliento por una pesadilla  y cuando te has despertado has dicho ¡¡ Dios mío !! menos mal que era un sueño? Eso es porque los impulsos neuroquímicos liberados cuando soñamos, fantaseamos o alucinamos, son indistinguibles de los que se agolpan en nuestro cerebro cuando sí experimentamos dichos episodios.  Luego, si cuanto percibimos es a menudo inexacto, ¿cómo sabemos lo que es real y lo que no? ¿Cómo sabemos qué es normal?

¿Si estamos tristes significa que estamos deprimidos o que tenemos un desequilibrio neuroquímico? ¿Si creemos que todo el mundo está en nuestra contra, es real o una ensoñación? ¿Y cuando percibimos, por hechos ajenos, una falta de lealtad, es real o hemos perdido el equilibrio y la percepción de la realidad? ¿Son gigantes o molinos?

Para algunos, su estado neurológico podría protegerlos de certezas dolorosas que no querrían plantearse. Otros, por el contrario, adoptarán un temperamento optimista, que les ayuda a sobreponerse a situaciones que al resto nos afectarían sobremanera.

Pero si tuviésemos que delimitar un punto de referencia, ¿no tendríamos que preguntarnos como responde a ciertos estímulos el cerebro de la llamada «gente normal»?

¿Y si fuésemos capaces de «tratar» a los que viven con esos «trastornos» neurológicos y les devolviésemos «la normalidad»? A criterio de una mayoría, sin duda los estaríamos ayudando, pero en ocasiones ¿no estaríamos despojándolos también de lo que les hace «únicos»? ¿No les privaríamos de una parte esencial de su propio ser?

Walt Whitman escribió «Contengo multitudes». Tal vez tenía más razón de lo que creía.

Ciertamente, «el yo» es un compendio de redes neuronales dispares entrelazadas en una masa gelatinosa entre los oídos. Si existen distintas versiones de uno mismo flotando dentro del cerebro,  ¿cual es nuestro auténtico yo?

¿Quizás es el vitalista que lo abarca todo, que todo lo acapara, que lo hace todo sin querer o saber delegar? ¿o es nuestro trabajo lo que realmente nos define? ¿Puede uno de esos «yos», ser un compañero abnegado y el otro un adicto embustero, ladrón y desquiciado? ¿podemos desear el bien y ser maldecidos por la genética y el entorno y seguir siendo los mismos miserables, embusteros y ladrones que siempre hemos sido? Y pese a cambiar algo de nosotros, nuestra cara, nuestro nombre, el domicilio, podríamos sentirnos diferentes, podríamos ser capaces de engañar a los demás unos instantes. Pero ¿podremos llegar a cambiar  quienes somos realmente?

En ocasiones, los billones de neuronas que se activan en nuestro cerebro, nos ayudan a figurarnos situaciones inrtincadas. Nos imaginamos ser unos grandes atletas, tener una pareja ideal, ser astronauta, un gran cantante… Pero las fantasías puedes oscurecerse; empezamos a creer que hay un monstruo bajo la cama o que unas fuerzas malignas se alinean en nuestra contra.

Nuestro cerebro baraja posibles resultados afin de ayudarnos a lograr nuestros objetivos o evitar el peligro. Pero si dejamos que la fantasia tome el control de nuestros pensamientos, podemos no ver la realidad que tenemos delante de nuestras propias narices. Y a veces la realidad…

Si actúas sin tener claro si lo que percibes es real o ensoñación, podrías herir a compañeros, amigos, familiares; gente cercana, en suma, que confía en ti y quizás podrías llegar a ofenderlos siendo muy difícil la disculpa y el perdón.

Se calcula que una persona se disculpa una media de 12 veces al día;  a menudo para reparar un agravio en un intento de curar una vieja herida,  pero algunas heridas nunca se curan del todo, son demasiado profundas.

Mateo 11:15 «El que tenga oídos para oír que oiga»