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Un futuro sostenible para las Fuerzas Armadas

05/02/2014

 Artículo publicado en la Revista Española de Defensa nº303

La prioridad es conseguir una Fuerza Conjunta, alistada y eficaz, que efectúe las operaciones permanentes y las de reacción que se le ordenen

Aprovechando la oportunidad que me brinda la Revista Española de Defensa, a modo de reflexiones a medio camino, les propongo compartir unas consideraciones sobre nuestras Fuerzas Armadas. Pensemos en el ¿qué necesitamos?, ¿para qué?, ¿cómo? y ¿qué estamos haciendo? El mensaje que me gustaría transmitir es que, tal y como se expone en la Directiva de Defensa Nacional, «la Defensa, y con ella las Fuerzas Armadas, son necesarias y deben ser responsables». Si logramos que esta idea cale en el seno de la sociedad será un paso de gigante que favorecerá la puesta en valor de nuestra labor, enmarcada en la Estrategia de Seguridad Nacional.

Las Fuerzas Armadas son necesarias porque constituyen un bien público esencial del Estado moderno, y son responsables ante la sociedad del cumplimiento de sus cometidos, a la vez que la sociedad, en contrapartida, ha de hacerse responsable de dotarlas de los medios necesarios para cumplirlos.
Las Fuerzas Armadas son una herramienta en manos del Estado que será empleada por éste para su seguridad y en su defensa, cuando lo considere necesario. Para que este empleo sea eficaz han de contar con unos presupuestos a medio y largo plazo, previsibles y definidos, que favorezcan un planeamiento militar factible y eficiente. En este marco de Fuerzas Armadas reconocidas, necesarias y herramienta útil del Estado, tenemos que avanzar para ser cada vez más eficaces, más capaces, y tenemos que transformarnos «al doble de velocidad». En este proceso de transformación nos encontramos con dos limitaciones: la necesidad de un cambio conceptual en la utilización de la Fuerza y la asunción realista del marco presupuestario existente.
Conviene hacer una referencia al marco estratégico en el que nos movemos, con dos elementos clave para casi todos los analistas: la incertidumbre y el cambio, elementos que nos obligan a prever y adaptarnos. Los cambios implican riesgos, y uno de los principales riesgos o desafíos actuales en cualquier ámbito es transformarse manteniendo la estabilidad.
Lo podemos ver si repasamos la sección de internacional de cualquier periódico: empezando por Afganistán con la incertidumbre de su futuro, Irak con problemas de guerra civil, la situación en Siria y en Irán, la inestabilidad en toda la franja del Sahel, el Golfo de Guinea y el centro de África, el futuro del Ártico, los problemas en el mar de Japón; además se incorporan los problemas derivados de numerosos desastres naturales y de la emigración.
El mundo está en un proceso de cambios con incertidumbres que condicionan el «qué» de las Fuerzas Armadas. Dos factores se consideran fijos en esta situación de cambio e incertidumbre: el hecho de que no existe desarrollo sin seguridad (si se pretende extender el desarrollo, mejorar las condiciones de vida de la humanidad, es necesario exportar seguridad). En segundo lugar, la necesidad de contar con capacidades operativas militares, fuerzas armadas, lo que hoy viene en llamarse hard power, ya que cuando entramos en procesos de conciliación, negociación o diplomáticos, en definitiva cuando utilizamos el soft power, es necesario tener un poder sólido detrás, un hard power. No existe soft power sin un hard power que lo sustente.
Estos dos principios explican la necesidad de las Fuerzas Armadas. A todo esto hay que unir el cambio de percepción entre los «estados de paz» y los «estados de guerra». Hoy en día, la diferencia entre situaciones de crisis y guerra no es tan clara como fue en otros tiempos. Existen situaciones de una gran complejidad que no se puede controlar; sólo se puede influir sobre ellas y los tradicionales conceptos de victoria y derrota se ven afectados. Vencer no consiste en conquistar terreno, derribar una estatua, izar una bandera en una colina… La victoria consiste en conseguir influencia en los acontecimientos en favor de los intereses nacionales, en navegar manteniendo el rumbo que nos interese a pesar de donde sople el viento.
Los riesgos siguen siendo riesgos heredados del siglo pasado, tales como la proliferación nuclear, la posibilidad de una enfermedad de carácter global que afecte a toda la humanidad, una crisis financiera que acabe con un sistema económico global, las guerras entre estados, las guerras inter-estados con participantes gubernamentales y no gubernamentales, los extremismos ideológicos y religiosos, el terrorismo, el crimen organizado…
Tan importantes como los riesgos son sus potenciadores, que provocan un estado de mayor o menor riesgo o amenaza. Cabe citar entre estos potenciadores, sin ánimo de ser exhaustivo, los desequilibrios demográficos, la pobreza, la mala gobernanza, la globalización que difunde la tecnología a todos los niveles, la escasez de determinados recursos básicos en relación con su demanda actual y futura, los desajustes entre geografía, religión, raza y nacionalidad, las ideologías radicales no democráticas, el cambio climático o el crimen organizado, solo por mencionar algunos. Todos ellos son potenciadores sobre los que se debe actuar para reducir el nivel de riesgo o amenaza.
Para cerrar esta visión del escenario que, no cabe duda, afecta no solo al futuro desarrollo de las Fuerzas Armadas sino al de otras instituciones, pensemos en los global commons. Espacios abiertos sin regulaciones estrictas y donde existe o puede existir fricción o confrontación. Espacios sin fronteras — la mar, el espacio, el ciberespacio y la información— que definen, nuevos y clásicos, campos de batalla.
A partir de aquí, tenemos que pensar sobre las necesidades de nuestras Fuerzas Armadas o de las Fuerzas Armadas necesarias. ¿Qué necesitamos? Fundamentalmente, necesitamos Fuerza, la razón de ser de las Fuerzas Armadas, con determinadas capacidades adaptadas al marco estratégico actual y futuro. Para ver qué capacidades debemos desarrollar extraería de este marco estratégico una serie de elementos recogidos en la Directiva de Defensa Nacional, como la unión cada vez mayor entre Seguridad y Defensa; la necesidad de una aproximación global a los problemas, en el sentido de que, hoy en día, cualquier problema o crisis no admite una solución puramente militar como pudo ocurrir en alguna ocasión, y la importancia de disponer de fortaleza nacional. No se puede ser partícipe de la actividad internacional sin una fortaleza individual, nacional, que otorgue el derecho, la credibilidad y la capacidad operativa necesaria para formar parte, ser oído y respetado en estos foros.
Así, los elementos que han de iluminar el proceso de transformación de las Fuerzas Armadas son, en primer término, los valores. Valores básicos de las Fuerzas Armadas, como unidad, jerarquía y disciplina. Valores que deben mantenerse unidos al espíritu de sacrificio, dedicación, capacidad de combate, valor físico y entrega a nuestros ciudadanos. Son los valores que nuestro lema «Todo por la Patria» resume a la perfección. El mantenimiento de los valores es el elemento esencial de las Fuerzas Armadas en todo momento, y mucho más durante un proceso de transformación.
El siguiente elemento crítico es el concepto de utilización de las Fuerzas Armadas. Necesitamos disponer de capacidad de anticipación, fortaleza y capacidad de decisión. Unas Fuerzas Armadas útiles y utilizables se han de apoyar en Sistemas de Mando y Control y de Vigilancia, Reconocimiento e Inteligencia que nos alerten y permitan reaccionar en caso necesario. Sistemas que potencien la velocidad de mando y faciliten la decisión, multiplicadores de la fuerza, porque conocimiento previo, fortaleza y decisión constituyen el producto que define la capacidad operativa, de resultado nulo, cuando lo es uno de sus factores.
Anticipación (inteligencia y mando y control), decisión (nivel político- estratégico y targeting) y acción mediante la consolidación de un núcleo de fuerza capaz, alistada en los términos que determine la situación: la Fuerza Conjunta. Una Fuerza Conjunta basada en capacidades que operen permanentemente (7×24) vigilando nuestros espacios de interés en tierra, mar, aire y ciberespacio y, además, que sea capaz de proyectar la fuerza y ser utilizada donde y cuando sea necesario. Si la razón de ser de las Fuerzas Armadas es la Fuerza, entendida como la capacidad de combate, hoy la razón de ser de las Fuerzas Armadas es la Fuerza Conjunta.
En este sentido, como jefe de Estado Mayor de la Defensa, mi prioridad es conseguir esta Fuerza Conjunta, alistada y eficaz que efectúe las operaciones permanentes y las de reacción que se le ordenen asegurando la victoria. Son varias las características que definen esta Fuerza Conjunta, pero destaco, con carácter general, la adecuación. La Fuerza Conjunta debe ser y estar adecuada a las capacidades específicas que la sustentan. No nace de la nada, sino que se basa en las capacidades específicas del Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, con lo cual, si el objetivo es conseguir una Fuerza Conjunta alistada, capaz y disponible, las capacidades específicas tienen que desarrollarse para apoyar el concepto, definido, de Fuerza Conjunta.
Paralelamente, surgen una serie de necesidades que hemos de impulsar para conseguir este objetivo de fuerza. La educación, primordial en las Fuerzas Armadas. Educación basada en conceptos como unidad de esfuerzo, iniciativa y lealtad (espíritu crítico), que debemos transmitir junto al mantenimiento de los valores tradicionales de las Fuerzas Armadas. Necesitamos cuadros de mando que estén alineados con las intenciones de los mandos superiores; liderazgo, que arrastren a sus subordinados, que tengan la iniciativa suficiente para llevar a cabo las acciones que se les encomienden (mission command), además de realismo y lealtad; el llamar «al pan, pan, y al vino, vino». Unidad de esfuerzo, iniciativa, lealtad y preparación de todos nuestros cuadros de mando para este mundo donde la aproximación es global y la actividad de todos ellos en operaciones tiene aspectos no solo militares, sino también relacionados con las ayudas a la gobernabilidad, al desarrollo y a la diplomacia.
Si pensamos en la necesidad de tener rapidez en la toma de decisiones, tenemos que apostar por Sistemas de Mando y Control y medios de Vigilancia, Reconocimiento e Inteligencia potentes, con aplicaciones de análisis de grandes bases de datos y con indicadores inteligentes de riesgo que permitan prevenir lo que va a ocurrir y reaccionar de forma adecuada a lo que está sucediendo.
Si hablamos de la necesidad de una Fuerza Conjunta útil, capaz de ser y de apoyar a otros organismos, tanto gubernamentales como no gubernamentales, tenemos que mejorar la capacidad de enfrentamiento, que debe residir en unidades que cuenten con sistemas de armas de alta precisión que permitan actuar con baja huella sobre el terreno y minimizar los daños colaterales o bajas propias. Todo esto obliga a sistemas de armas que potencien la capacidad de enfrentamiento desde el punto de vista de la precisión y de la eficacia en las actuaciones.
Un punto importante, necesario, para avanzar adecuadamente es conseguir, con carácter general, una mayor difusión de la cultura de seguridad en nuestra sociedad. Es preciso integrar a la sociedad en los problemas de seguridad y defensa mediante la participación, en este proceso, de la Universidad y la Industria. Tanto desde el punto de vista de la enseñanza, apoyando al I+D+i en la Universidad, como desde el punto de vista de la Industria de Defensa entendida como un elemento de importancia estratégica nacional, Universidad e Industria son dos componentes facilitadores y necesarios para la transformación de las Fuerzas Armadas.
La siguiente pregunta es ¿para qué necesitamos esta Fuerza? Siguiendo las directrices que se marcan en la Directiva de Defensa Nacional diríamos que, fundamentalmente, para defender a España, inicialmente mediante la disuasión, lo que lleva implícito la participación en alianzas, como la Atlántica, la Unión Europea y otras bilaterales o multilaterales y mediante la actuación de forma independiente o combinada.
Actualmente, las alianzas afrontan también un proceso de transformación, evolucionando desde una situación de alianzas «exclusivas» a unas coaliciones de carácter «inclusivo», donde no se buscan aliados total o parcialmente, sino socios comprometidos y capaces, y es necesario disponer de la suficiente fortaleza individual para poder participar en ellas con eficacia.
Otro elemento implícito en la disuasión es la actividad, las operaciones de la Fuerzas Armadas, 24 horas al día y 7 días a la semana para la vigilancia y seguridad de nuestras áreas de interés nacional, incluido el ciberespacio. Estas actividades de vigilancia, pueden dar lugar a estrategias de segundo nivel, como la estrategia marítima, la de ciberdefensa, o la de comunicaciones estratégicas. Estos cometidos, realizados por nuestras Fuerzas Armadas en apoyo de la acción del Estado, tanto desde el punto de vista de la acción exterior como desde el punto de vista de la seguridad, conforman el núcleo central del «para qué» permanente de las Fuerzas Armadas.
Además, tenemos un «para qué» de contingencia sintetizado en la capacidad de despliegue, de proyección de la fuerza, de colaboración con la comunidad internacional en los procesos de estabilización y de control de situaciones de crisis. Cuando acometemos cualquier misión dentro de este marco, nos encontramos con operaciones, donde nuestros cuadros de mando tienen que enfrentarse a las tres «des»: la «D» de la Defensa, operaciones o cometidos de carácter puramente militar, la «D» de la Diplomacia y la «D» del Desarrollo, colaborando con agencias, instituciones u organismos especializados en cada una de estas facetas con la finalidad superior de influir positivamente en la zona de operaciones.
¿Cómo conseguimos o estructuramos este proceso? Mediante el planeamiento de la defensa: la Estrategia Española de Seguridad, la Directiva de Defensa Nacional, la Directiva de Política de Defensa y la Directiva de Planeamiento Militar. Este proceso termina con dos documentos, el Objetivo de Capacidades Militares que habla de lo que tenemos y de lo que debemos tener en relación con la situación estratégica y la situación presupuestaria y los Planes Operativos, que incluyen tanto los planes de las operaciones que se están ejecutando como aquellos que previsiblemente puedan iniciarse. A la hora de obtener las capacidades militares necesarias hay que aplicar el proceso lógico de plan, programa y presupuesto. Tenemos el plan, podemos desarrollar programas, pero necesitamos los presupuestos para desarrollarlos. Esto no solo es fundamental para que el proceso de planeamiento sea coherente y eficiente, sino para que sea practicable, y para que la Industria de Defensa y la Universidad se posicionen en este proceso de obtención de capacidades militares.
Para finalizar, hay que reconocer que no partimos de una hoja en blanco. Nuestras Fuerzas Armadas vienen ejecutando desde hace más de veinte años este proceso de planeamiento, teniendo como resultado unas Fuerzas Armadas capaces, cohesionadas, bien distribuidas, pero que necesitan adaptarse o transformarse a la nueva situación estratégica y presupuestaria. Partimos de unas fuerzas que existen, eficaces, algunas directamente utilizables con los nuevos conceptos y otras que necesitan transformarse. En resumen, tenemos que ajustar el concepto de utilización de la Fuerza, con su financiación y con una estructura (apoyo a la fuerza y cuarteles generales) que sea la necesaria para apoyar al concepto y sostenible con la financiación prevista.
¿Qué estamos haciendo? En el proceso de planeamiento se han adecuado los Objetivos de Capacidades Militares al presupuesto de Defensa actual y a la situación estratégica. También han sido ajustados los Planes Especiales de Armamento, que concentran la modernización de las Fuerzas Armadas en los últimos años; se están ajustando desde el punto de vista operativo, financiero e industrial las capacidades operativas, y los jefes de Estado Mayor del Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire han definido sus estructuras orgánicas adaptadas a esta nueva situación y con ajustes de plantilla y un Plan General de Racionalización de la Infraestructura que completa este panorama.
Desde el punto de vista de la estructura operativa, se han creado los Mandos de Vigilancia y Seguridad Marítima, de Defensa y Operaciones Aéreas y el Mando Conjunto de Ciberdefensa, y se está organizando el Mando Conjunto de Operaciones Especiales. Por otro lado se está reforzando «lo conjunto» aumentando las capacidades del Mando de Operaciones y del Estado Mayor Conjunto con Mandos Conjuntos de los Sistemas de Información y Comunicaciones y de Sanidad Operativa. Del mismo modo, la inteligencia militar se está reforzando con una Jefatura conjunta de información, vigilancia y reconocimiento y profundizando en sus capacidades de inteligencia de señales, humana y de imágenes. Este proceso afianzará el concepto de utilización de la Fuerza basado en el núcleo de: prevención-anticipación (inteligencia, vigilancia y reconocimiento), decisión (nivel político-estratégico-targeting) y acción (fuerza conjunta).
Vamos a construir una Fuerza Conjunta alistada, como nunca la hemos tenido, y conseguiremos mejorar todavía más si superamos las posturas conceptuales obsoletas, la resistencia al adelgazamiento estructural y las reticencias a una financiación de las Fuerzas Armadas que asegure su futuro. No podemos estar satisfechos, queda mucho por hacer, queda mucho por conseguir, el proceso está abierto, sigue avanzando y deberá seguir hasta conseguir esa adaptación, ese equilibrio necesario entre concepto de utilización de las Fuerzas Armadas, financiación y estructura que asegure el futuro sostenible de nuestras Fuerzas Armadas, con una Fuerza Conjunta alistada, capaz y disponible.
Como corolario diría que tenemos que agilizar, acelerar y asegurar nuestro proceso de transformación. Como citaba nuestro ministro de Defensa: «Si quieres permanecer donde estás tendrás que transformarte lo más rápido que puedas, si quieres mejorar tendrás que hacerlo al doble de velocidad».
 
Fuente: emad.mde.es