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Vueltas al diccionario…

El diccionario de la Real Academia de la Lengua (DRAE) ofrece dos acepciones en el español de España para la palabra CADETE:

1. m. Joven noble que se educaba en los colegios de infantería o caballería o servía en algún regimiento y ascendía a oficial sin pasar por los grados inferiores.

2. com. Alumno de una academia militar.

Pero los alumnos de las academias de suboficiales ostentan los empleos de Caballeros/Damas Alumnos y los de las de oficiales Caballeros/Damas Cadetes sobre la base de viejas costumbres que delimitaban las clases en los Ejércitos.

La Ley de la Carrera Militar (LCM), tan controvertida como dañina para esta clase que absurdamente aún se enorgullece de su estado, no menciona ni una sola vez la palabra cadete en todo su articulado, define como “alumno” a cualquiera que acceda a cursos de formación, capacitación, perfeccionamiento o altos estudios, y así debe ser en concordancia con los tiempos que corren; es alumno un niño de primaria y es alumno un graduado en un curso de doctorado.

¿Por qué entonces se sigue distinguiendo en la mensajería interna a los “caballeros alumnos” de la AGBS de los “caballeros cadetes” de la AGM? Los tiempos para aplicar la acepción primera que admite el diccionario pasaron con sus glorias y sus penas, o son alumnos todos o cadetes ambos.

Y.. vueltas al diccionario…

¿Básica? ¿Academia General Básica de Suboficiales? Si la denominación de “Básica” obedece a que es donde se imparten aún los estudios iniciales de los Suboficiales del Ejército, también debiera llevar tal epíteto la Academia de Zaragoza: “Academia General Básica de Oficiales”. Pero puede que lo de Básica viniera del hecho de que era la Escala más baja del Ejército en los tiempos del obligatorio servicio militar para acceder a la condición de militar de carrera (con una media de cuarenta años ascender a Brigada, ¡menudo carrerón! – perdón por la ironía- ); si así fuera, ya hace tiempo que no lo es y lo de básico debiera aplicarse a los Centros de Formación de Tropa, que no parecen ser “academias”.

Admítase, como Suboficiales lo admitiríamos, que quedaran para la AGM los epítetos de General Militar, quédese para nosotros la más adecuada y simple (Ockham al canto) de Academia General de Suboficiales, seguiremos llamándola “la básica” o no, pero eso es cosa nuestra.

Y… vueltas al diccionario…

Define como clasista el DRAE al “que es partidario de las diferencias de clase o se comporta con fuerte conciencia de ellas”. No rebuscando en “clasismo”, somos clasistas los militares, cada uno en su rango y cada uno en su escala, así nos comportamos, viene a ser fuente de doctrina por las implicaciones de jerarquía y obediencia que se deduce de lo que del saludo y su significado argumentan el resto de nuestras leyes.

No sale el corporativismo mejor parado en nuestro diccionario porque lo es “en un grupo o sector profesional, la tendencia abusiva a la solidaridad interna y a la defensa de los intereses del cuerpo”.

Por lo tanto, en estos tiempos de la corrección política (también es ironía) nos quedamos los suboficiales sin ser clasistas y sin ser corporativistas, y vienen ganas de mezclar escatología y dialéctica porque los Suboficiales sentimos ese, absurdo o no, orgullo de clase y superamos en fuerza al más bravo los de ASFAS con la que se lucha por los derechos de la Escala de Suboficiales.